¿Qué es el SIBO y qué síntomas tiene?

SIBO son las siglas en inglés de Small Intestinal Bacterial Overgrowth, que en español se traduce como sobrecrecimiento bacteriano del intestino delgado. Se utiliza este término cuando existe una cantidad excesiva de bacterias o una alteración de la población bacteriana en el intestino delgado que se relaciona con síntomas digestivos.

El intestino contiene de forma natural una gran cantidad de microorganismos. Su presencia no es, por sí misma, un problema. Lo que caracteriza al SIBO es que se produce un sobrecrecimiento en una zona donde la cantidad y composición de las bacterias normalmente están más controladas.

Las guías del American College of Gastroenterology definen el SIBO como la presencia de cantidades excesivas de bacterias en el intestino delgado asociadas a síntomas gastrointestinales. La American Gastroenterological Association señala, además, que la definición exacta continúa presentando algunas limitaciones, ya que todavía no se conoce por completo cuál debe considerarse la composición normal del microbioma del intestino delgado. 

El movimiento normal del intestino ayuda a evitar que las bacterias se acumulen en determinadas zonas. Por este motivo, algunos trastornos que ralentizan el tránsito intestinal pueden favorecer el desarrollo de SIBO. También pueden hacerlo ciertas alteraciones anatómicas producidas por enfermedades o cirugías digestivas. 

Entre las situaciones relacionadas con un mayor riesgo se encuentran determinados trastornos de la motilidad intestinal, algunas intervenciones quirúrgicas del aparato digestivo y enfermedades que dificultan el movimiento normal del contenido intestinal. La diabetes con neuropatía intestinal, la esclerosis sistémica o ciertas alteraciones estructurales del intestino son algunos ejemplos descritos en la literatura médica. 

El síntoma más frecuente es la hinchazón abdominal. También pueden aparecer gases, dolor o malestar abdominal y diarrea. En los casos más intensos, el crecimiento bacteriano puede interferir con la absorción de nutrientes y provocar pérdida de peso, déficit de vitamina B12 o esteatorrea, es decir, deposiciones con un contenido elevado de grasa. 

Entre los síntomas que pueden relacionarse con el SIBO se encuentran:

  • Hinchazón o distensión abdominal.
  • Exceso de gases.
  • Dolor o molestias abdominales.
  • Diarrea.
  • Cambios en el ritmo intestinal.
  • Sensación de digestión pesada.
  • Pérdida de peso en casos más importantes.
  • Deficiencias nutricionales cuando existe malabsorción.

Estos síntomas no son exclusivos del SIBO. La hinchazón, los gases, el dolor abdominal o la diarrea también pueden aparecer en el síndrome del intestino irritable, intolerancias alimentarias, enfermedad celíaca y otras alteraciones digestivas.

Por este motivo, presentar hinchazón después de comer no es suficiente para afirmar que una persona tiene SIBO.

¿Cómo saber si tengo SIBO?

No es posible saber con seguridad si existe SIBO únicamente a partir de los síntomas.

La hinchazón y los gases son extremadamente frecuentes y pueden tener numerosas causas. El diagnóstico debe valorar tanto los síntomas como los antecedentes médicos y los posibles factores que pueden favorecer el sobrecrecimiento bacteriano.

Un profesional sanitario puede preguntar, por ejemplo, si ha habido cirugías abdominales previas, trastornos de la movilidad gastrointestinal, diarrea persistente, pérdida de peso o problemas de absorción de nutrientes.

Las guías clínicas recomiendan utilizar pruebas específicas en pacientes con síntomas compatibles y un contexto clínico que haga razonable sospechar SIBO. 

Prueba de aliento para detectar SIBO

Una de las pruebas más utilizadas es el test de aliento de hidrógeno y metano.

Para realizarlo, la persona ingiere una cantidad controlada de azúcar, habitualmente glucosa o lactulosa. Después se recogen muestras de aire espirado a determinados intervalos.

Las bacterias producen gases cuando fermentan los carbohidratos. Parte de estos gases pasa a la sangre y posteriormente se elimina a través de los pulmones.

Midiendo cómo cambian las concentraciones de hidrógeno y metano después de ingerir el sustrato se puede obtener información que ayude a detectar un posible sobrecrecimiento intestinal. 

El American College of Gastroenterology contempla los test de aliento con glucosa o lactulosa como herramientas para estudiar SIBO en pacientes sintomáticos. 

No obstante, estas pruebas no son perfectas. El tránsito intestinal, la preparación previa y otras características individuales pueden influir en el resultado.

Por ello, un test positivo debe interpretarse junto con los síntomas y la historia clínica.

Hidrógeno y metano no significan exactamente lo mismo

Los análisis actuales pueden medir tanto hidrógeno como metano.

Una producción elevada de metano se ha relacionado especialmente con estreñimiento. En la terminología médica actual se habla con frecuencia de sobrecrecimiento de metanógenos intestinales o IMO cuando existe una producción elevada de metano, ya que los microorganismos responsables no son técnicamente bacterias. 

Esta distinción resulta importante porque el patrón de síntomas y el tratamiento pueden variar.

Por tanto, no todos los resultados positivos en un test de aliento representan exactamente el mismo problema.

Cultivo del contenido del intestino delgado

Otra posibilidad diagnóstica es obtener una muestra de líquido del intestino delgado durante una endoscopia y analizar la cantidad de microorganismos presentes.

El cultivo cuantitativo del aspirado del intestino delgado se ha utilizado tradicionalmente como método de referencia. Sin embargo, es una técnica invasiva, requiere una endoscopia y también presenta limitaciones relacionadas con la obtención y el procesamiento de la muestra. 

Por eso, en la práctica clínica es frecuente utilizar pruebas de aliento cuando están indicadas.

¿Puedo saber si tengo SIBO por mis síntomas?

Los síntomas pueden hacer sospecharlo, pero no confirmarlo.

Una persona con mucha hinchazón y gases después de comer podría tener SIBO, pero también podría presentar:

  • Síndrome del intestino irritable.
  • Intolerancia a la lactosa.
  • Malabsorción de fructosa.
  • Enfermedad celíaca.
  • Estreñimiento.
  • Alteraciones de la motilidad intestinal.
  • Otros trastornos digestivos.

La AGA advierte precisamente de que muchos síntomas atribuidos al SIBO son inespecíficos y también aparecen en otros trastornos funcionales. Incluso la relación exacta entre el síndrome del intestino irritable y el SIBO continúa siendo objeto de investigación. 

Por ello, no es recomendable iniciar tratamientos antibióticos simplemente porque exista hinchazón abdominal sin haber realizado una valoración médica.

¿Cuándo conviene consultar?

Es recomendable consultar cuando los síntomas son persistentes, interfieren con la alimentación o se acompañan de:

  • Diarrea prolongada.
  • Pérdida de peso no intencionada.
  • Signos de desnutrición.
  • Anemia o deficiencias vitamínicas.
  • Dolor abdominal intenso.
  • Cambios importantes en el ritmo intestinal.

Estos signos pueden aparecer en SIBO, pero también en otras enfermedades que requieren diagnóstico y tratamiento específicos.

¿Qué no debo comer si tengo SIBO?

No existe una lista universal de alimentos prohibidos para todas las personas con SIBO.

La dieta puede utilizarse para intentar reducir síntomas como la hinchazón, los gases o la diarrea, pero no existe suficiente evidencia para afirmar que una dieta concreta elimine por sí sola el sobrecrecimiento bacteriano.

La American Gastroenterological Association considera la alimentación una herramienta de apoyo para controlar los síntomas. En particular, una dieta baja en FODMAP puede reducir la fermentación y mejorar molestias en algunos pacientes, pero gran parte de la evidencia procede de estudios realizados en síndrome del intestino irritable y no demuestra que esta dieta cure el SIBO. 

¿Qué son los FODMAP?

FODMAP es el acrónimo utilizado para determinados carbohidratos fermentables.

Se encuentran en numerosos alimentos y pueden llegar parcialmente sin digerir al intestino, donde los microorganismos los fermentan y producen gases.

Entre los alimentos que pueden aportar cantidades elevadas de determinados FODMAP se encuentran, dependiendo del tipo y de la cantidad:

  • Cebolla.
  • Ajo.
  • Algunas legumbres.
  • Determinados productos elaborados con trigo.
  • Manzana.
  • Pera.
  • Mango.
  • Algunos lácteos con lactosa.
  • Coliflor.
  • Champiñones.
  • Miel.
  • Edulcorantes como sorbitol, manitol o xilitol. 

Esto no significa que todos estos alimentos deban eliminarse simplemente por haber recibido un diagnóstico de SIBO.

Una dieta baja en FODMAP no debe mantenerse indefinidamente

Una dieta estricta baja en FODMAP está pensada para utilizarse durante un periodo limitado y realizar posteriormente una reintroducción progresiva de alimentos.

La AGA recomienda que, cuando se utilice esta estrategia, la fase restrictiva sea temporal y que posteriormente se vuelvan a introducir alimentos para identificar cuáles producen realmente síntomas. Esto ayuda a evitar restricciones innecesarias y posibles déficits nutricionales. 

Mantener una dieta extremadamente limitada durante meses por cuenta propia no es recomendable.

Además, no todas las personas con SIBO responden igual. Un alimento que desencadena una gran hinchazón en una persona puede tolerarse perfectamente en otra.

¿Hay que eliminar gluten y lácteos?

No de forma automática.

Una dieta baja en FODMAP no equivale a una dieta sin gluten ni a una dieta sin lácteos.

El gluten solo debe eliminarse estrictamente cuando existe una razón médica para hacerlo, como la enfermedad celíaca. En el caso de los lácteos, algunas personas pueden tener intolerancia a la lactosa y beneficiarse de reducirla, pero eso no significa que todos los pacientes con SIBO deban eliminar todos los productos lácteos. 

Eliminar alimentos sin necesidad puede dificultar mantener una alimentación completa y equilibrada.

Fibra, prebióticos y suplementos

Tampoco existe una recomendación universal para retirar toda la fibra.

Algunas personas experimentan más gases con determinadas fibras fermentables, mientras que otras necesitan fibra para mantener un tránsito intestinal adecuado.

Los suplementos prebióticos, como algunos productos que contienen inulina, también pueden aumentar la fermentación y la producción de gases en personas sensibles. La AGA aconseja valorar individualmente su consumo cuando empeoran los síntomas. 

Los probióticos tampoco deben considerarse un tratamiento garantizado para el SIBO. La evidencia disponible sigue siendo limitada y no permite recomendar de manera general una cepa concreta para eliminar el sobrecrecimiento. 

Evitar dietas excesivamente restrictivas

Cuando una persona tiene molestias digestivas, puede empezar eliminando cada vez más alimentos hasta quedarse con una dieta muy reducida.

Esta estrategia puede disminuir temporalmente algunos síntomas simplemente porque reduce la cantidad y variedad de alimentos ingeridos, pero también puede favorecer deficiencias nutricionales y dificultar identificar cuál era el verdadero desencadenante.

Si se decide realizar una dieta específica para SIBO, lo recomendable es contar con el apoyo de un dietista-nutricionista con experiencia en trastornos gastrointestinales.

El objetivo debe ser controlar los síntomas manteniendo la dieta más amplia y nutricionalmente completa posible.

¿Cuál es el mejor tratamiento para el SIBO?

No existe un único tratamiento que sea el mejor para todos los pacientes.

Las guías de la American Gastroenterological Association señalan tres pilares fundamentales: identificar y corregir, cuando sea posible, la causa que favorece el SIBO; tratar las posibles deficiencias nutricionales y utilizar antibióticos cuando están indicados. 

El tratamiento debe individualizarse porque dos personas con síntomas parecidos pueden tener causas muy diferentes.

Tratar la causa del sobrecrecimiento

Eliminar temporalmente el exceso de microorganismos puede no ser suficiente si continúa presente el factor que favoreció su aparición.

Por ejemplo, determinados trastornos de la motilidad intestinal pueden hacer que el contenido permanezca demasiado tiempo en el intestino delgado. Algunas alteraciones anatómicas después de una cirugía también pueden crear zonas donde se estanca el contenido intestinal.

Por ello, una parte importante del tratamiento consiste en estudiar y corregir, cuando sea posible, el problema subyacente. 

Esto también ayuda a reducir el riesgo de que el SIBO reaparezca después del tratamiento.

Antibióticos para el SIBO

Los antibióticos forman parte del tratamiento médico habitual del SIBO confirmado.

La rifaximina es uno de los antibióticos más estudiados, aunque existen otras opciones que pueden utilizarse dependiendo del caso. La elección corresponde al médico y puede variar según los síntomas, los resultados de las pruebas, los antecedentes y el tipo de microorganismos implicados. 

No es recomendable tomar antibióticos por cuenta propia.

La AGA recuerda que la evidencia disponible para determinar el régimen antibiótico óptimo todavía es limitada y que el tratamiento debe considerar los riesgos asociados al uso innecesario o repetido de antibióticos de amplio espectro. 

Por tanto, tener gases o hinchazón no es una razón suficiente para iniciar rifaximina u otro antibiótico.

¿Cuánto dura el tratamiento?

La duración depende del tratamiento seleccionado y de la situación clínica.

El Manual Merck recoge habitualmente pautas antibióticas orales de aproximadamente 10 a 14 días, aunque la duración y la elección concreta deben establecerse de forma individual. 

Algunos pacientes vuelven a presentar síntomas después del tratamiento, especialmente si persiste el factor que favoreció inicialmente el sobrecrecimiento.

En ese caso, el médico puede valorar si existe una recaída real, si es necesario repetir pruebas o si las molestias se deben a otra causa.

Corregir las deficiencias nutricionales

Cuando el SIBO produce malabsorción importante pueden aparecer déficits nutricionales.

Uno de los descritos con mayor frecuencia es el déficit de vitamina B12. En casos más avanzados también puede existir malabsorción de grasas y pérdida de peso. 

Estas deficiencias deben identificarse y tratarse de manera específica.

No es recomendable empezar a tomar grandes cantidades de suplementos sin comprobar primero si existe realmente una carencia.

¿La dieta cura el SIBO?

No se ha demostrado que una dieta convencional, una dieta baja en FODMAP, una dieta sin gluten o una dieta sin lactosa erradiquen por sí mismas el SIBO.

Las modificaciones alimentarias pueden ayudar a controlar la hinchazón, el dolor y otros síntomas mientras se trata la causa, pero deben considerarse una medida complementaria y no un sustituto del tratamiento médico. 

Esta distinción es importante porque una persona puede notar mejoría al retirar determinados carbohidratos y asumir que el SIBO ha desaparecido, aunque el sobrecrecimiento siga presente.

¿Sirven los productos para la hinchazón intestinal?

SIBO y síndrome del intestino irritable no son lo mismo y no deben utilizarse indistintamente los tratamientos de ambos problemas.

Por ejemplo, Stomaxil Calm está indicado oficialmente para el tratamiento del síndrome del colon irritable y para aliviar síntomas relacionados como dolor, hinchazón, distensión y malestar abdominal. No aparece indicado específicamente como tratamiento del SIBO.

Por este motivo, aunque algunos síntomas puedan parecerse, un producto destinado al síndrome del intestino irritable no debe presentarse como una alternativa a los antibióticos o al tratamiento médico de un SIBO diagnosticado.

Cuando existen síntomas compatibles con sobrecrecimiento bacteriano, la prioridad es determinar su origen y valorar el tratamiento más adecuado con un profesional sanitario.

El SIBO es un trastorno real, pero sus síntomas se solapan con muchas otras alteraciones digestivas. Hinchazón, gases o diarrea no permiten diagnosticarlo por sí solos y las dietas restrictivas tampoco deben utilizarse como método de autodiagnóstico.

Las pruebas de aliento y, en determinadas situaciones, el análisis de muestras del intestino delgado puede ayudar a confirmar el diagnóstico. Una vez identificado el problema, el tratamiento se centra en controlar el sobrecrecimiento, corregir las posibles deficiencias nutricionales y abordar el factor que lo está favoreciendo.

Este contenido tiene carácter informativo y no sustituye el diagnóstico, el tratamiento ni las recomendaciones individualizadas de un médico, gastroenterólogo o dietista-nutricionista.